|
LOS NIÑOS TAMBIEN SON PROTECCION CIVIL
Orientación para niños de 6 años en adelante
Nosotros, tus amigos de Protección Civil, siempre estamos pensando en ti. Por ese motivo decidimos orientarte en algunas situaciones, que, por tu poca edad tu no conoces, y en otras, que de seguro tus padres ya te habrán hablado. Esperamos que te puedas orientar, porque nuestro objetivo es que tu crezcas feliz y seas un buen ciudadano.
Si estás en la calle...
Cuando tú sales a la calle, sea para ir a la escuela, a la casa de algún amiguito, o aun a jugar, debes tomar en cuenta ciertas cosas, tales como:
- Debes pedir permiso a tus padres para salir, y se te lo dan, decir siempre dónde vas y a qué vas.
- Debes mirar bien en todas las direcciones antes de cruzar la calle, puede venir algún vehículo y atropellarte y evita cruzar en mitad de la calle, es mejor hacerlo en las esquinas.
- No hables nunca con extraños, aunque te pidan alguna información; Tampoco acompañes a nadie aun cuando te diga que es para encontrarte con alguien conocido. ¡Busca ayuda inmediatamente!
- No aceptes dulces, ni bebidas, ni regalos, ni dinero, ni nada que te dé gente que tú no conoces;
- Si te llaman, no entre nunca en carros de extraños, y si te quieren forzar a entrar, grite con todas tus fuerzas y salga corriendo. No se debe confiar en quien tú no conoces. Aun para montarte con conocidos debes pedir permiso a tus padres.
- Los cigarrillos, bebidas alcohólicas u otras sustancias raras, hacen mucho daño. No acepte nada de eso, aunque sea de algún amigo, pariente, o de alguien que te diga que eso es bueno. Es mentira;
- Si tienes que montarte en algún transporte público, no lo haga en carros en que sólo está el conductor. Eso es peligroso. Pida siempre a un adulto que te acompañe; Sepa de memoria tú dirección, tú teléfono, el nombre completo de tus padres y algún pariente próximo para el caso de extraviarte;
- Si te extravías, no te pongas nervioso. No hables con cualquier persona que veas. Busque alguna señora que esté delante de alguna casa con más personas o entre a alguna tienda y hable con alguien que trabaja ahí. No deje que las personas en la calle se enteren de que tú estás perdido. Espera la ayuda sin moverse de donde está;
- No salgas sólo de noche. Pida a alguien que te acompañe si tienes que hacerlo;
Si ves alguien en problemas, busca la ayuda de un adulto. No lo hagas tú sólo. Puede ser un truco para hacerte algún daño;
- Si sales a hacer algún mandado para tus padres o conocido, sepa de antemano dónde tienes que ir para no tener que preguntar a extraños.
Si estás en la casa...
- Tenga cuidado cuando hay algo cocinando en la estufa. No le pongas la mano a nada para no quemarte;
- No juegues con pote o envases de vidrio, ni con cuchillos, tenedores, u objetos filosos. Puedes cortarte;
- No enchufe ni desenchufe ningún aparato tú sólo. Pide a algún adulto que lo haga;
- No ponga manos o dedos en un abanico prendido. Es muy peligroso; No abras la nevera sin zapatos. Puede darte un corrientazo. Lo mismo para manejar cualquier aparato eléctrico;
- No tome nada que esté en una botella sin rótulo, y cuando tenga rótulo, lea con atención. Siempre pregunte a tus padres qué contiene la botella.
- No abra envases de medicinas. No tome ninguna medicina a no ser que te la dé tus padres;
- Cuida tus hermanitos para que no se hagan daño jugando;
- No juegue con las herramientas de tú padre. Tampoco juegues en la cocina o en el baño.
- No suba en los muebles y ni en lugares altos para buscar cosas. Pide a algún adulto que te lo busque.
- No uses la estufa, ni la plancha. Esos aparatos no fueron hechos para niños.
- No juegue con fósforo, velas, trementina, gasolina o alcohol, puedes provocar un incendio en tu hogar.
Si estás en la escuela...
- Respeta tus profesores y los empleados de la escuela;
- Respeta tus amiguitos. No hagas bromas pesadas;
- Ve directo de la escuela a la casa. No te quedes en la calle;
- No juegues juegos violentos en el patio de la escuela. Recuérdese que hay niños menores que tú y puedes causarles daños;
- Sé buen estudiante.
Si estás jugando...
- Evita juegos violentos;
- Si andas en bicicleta o en patines, la calle no es el lugar adecuado. Un carro puede atropellarte o tú puedes atropellar alguna persona. No te metas en medio a los carros. Es muy peligroso;
- Si vuelas chichiguas, hágalo en un sitio donde no haya cables eléctricos ni antenas. No intente recuperar una chichigua perdida. Más vale tu vida que un juguete.
- Juega con niños de tu misma edad. Las amistades con niños muchos más viejos que tú pueden traer problemas.
- Si juegas pelota, no lo haga cerca de las casas para no romper nada.
Amiguito, amiguita: a veces, hay personas adultas en quienes tú no puedes confiar. Los adultos a veces, pueden hacer mucho daño a los niños. Pero, no todos los adultos son malos. Tú debes aprender a identificar las personas que te quieren hacer daño y decir a tus padres o a tus profesores quiénes son. Te vamos a decir ahora, algunas cosas que tú no debes permitir que te haga un adulto, sea quien sea.
- No permita que te toquen en ninguna parte íntima de tu cuerpo, como tu "parte", o tus senos (si eres hembra).
- No permita que te quiten la ropa o que se queden desnudos delante de ti, aunque sean tus parientes, tus hermanos mayores o algún amigo de tus padres. Sabe, tu cuerpo es sagrado.
- Nadie tiene derecho a tocarte, a no ser tu madre, para ayudarte a vestir, que estés herido u otra situación de emergencia. Si te quieren tocar o hacer que tú lo toques por la fuerza, mira la persona bien firme en los ojos y diga que no quieres hacerlo.
- Si alguien insiste mucho para que vayas a algún sitio extraño o te das cuenta que te quieren hacer daño, vete corriendo y cuéntale a tus padres.
- Si te sientes raro (a) en relación a alguna persona o si te ha pasado alguna de las situaciones arriba, coméntalo con tu madre o profesora. No tengas miedo de hablar. Nadie tiene derecho a hacerte daño, ni mismo tus padres, tus hermanos, primos o profesores.
- Se sigues estos pequeños consejitos, te estará evitando molestias futuras.
LOS NIÑOS FRENTE A LOS DESASTRES NATURALES
Orientación a los Padres
¿Cuál es el problema?
La República Mexicana es un país donde los riesgos de desastres naturales o provocados por el hombre, son múltiples. Ya sean inundaciones, terremotos, huracanes o cualquier otro tipo de catástrofe, estamos permanentemente expuestos a ellos. Por esa razón, los ciudadanos deben estar preparados para enfrentar tanto los riesgos calculados como los que vienen inesperadamente. Pero, ¿cómo explicar a los niños, qué es una catástrofe y cómo defenderse en situaciones de emergencia, sin que eso les provoque demasiada ansiedad o temores, cuando nosotros mismos, los padres, tenemos ese sentimiento de impotencia frente a dichas situaciones?
Definitivamente, es una situación difícil. Pero, no podemos desentendernos del problema y dejar que se resuelva por si sólo cuando se presente. Con mucha paciencia y gradualmente, tanto los padres como los maestros, pueden formar niños con un cierto grado de preparación frente a los desastres naturales y con eso ayudar a protegerlos del peligro.
¿Qué es un desastre?
Los niños, desde muy temprano están conscientes de su entorno. Saben, por ejemplo, que la lluvia es agua que cae del cielo, pero no entienden por qué. Si son muy pequeños, no hay que explicarles el proceso, basta con que vean el hecho como algo natural. Si son más grandes, los padres pueden explicar de manera sencilla, con prácticas caseras. Por ejemplo, cuando hay agua hirviendo en la estufa, explicarles qué es el vapor y como se acumula en las nubes, provocando las lluvias. Cuando se están bañando, explicarles los cuidados que deben tener para no ahogarse. Usted puede poner ejemplos con sus juguetes. Hágalos flotar en la bañera como si estuvieran en una inundación. Provoque un «temblor», sacudiendo la mesa donde ellos están jugando, para simular un terremoto, y con las ambulancias, carros de bomberos, médicos y enfermeras de juguete, simule una situación de salvamento. Eso hará con que ellos entiendan los peligros reales y los asimilen de una manera natural Ellos harán unas cuantas preguntas. Usted puede ir respondiendo, dando ejemplos, y a la vez formular un plan de emergencia con toda la familia, para situaciones reales, tales como inundaciones, huracanes, incendios, etc. Todo eso, usted lo debe hacer sin asustarlos, porque enseñar un niño a protegerse ante una situación de peligro es tan fundamental como enseñarlo a comer o a vestirse. Cada cierto tiempo, vuelva a repetir los «ejercicios» de simulación, para que no se les olvide. Durante la temporada ciclónica, que dura 6 meses cada año y donde el peligro es real, el cuidado debe ser doble.
Si es el caso de un huracán, usted debe tomar todas las medidas preventivas que se indican para estos casos y tomar en cuenta que:
- No se debe provocar temores excesivos en los niños, aun cuando usted se sienta nervioso y preocupado ante la inminencia de un huracán o tormenta tropical.
- Debe tranquilizar a los niños, diciéndoles que no estarán solos, que usted estará con ellos, que los ayudará a protegerse, y que se acuerden de todo lo que usted ya les ha explicado antes.
- No sobredimensionar los hechos que de por sí ya son alarmantes y ni esté contando de huracanes pasados. Dígales la verdad, que es una situación de mucho peligro pero que pasará dentro de muy poco tiempo.
Lo mismo que teme usted ante un desastre natural o provocado por el hombre, es aun más angustiante para los niños y puede transformarse en pánico. Ellos temen:
- Que vuelva a suceder, ser golpeados y a la muerte;
- Ser separados de su familia;
- A que se les dejen solos;
- A perder sus pertenencias más queridas.
Si no ha pasado nada muy grave en su familia, como pérdida de vidas o de la casa y las pertenencias, los niños por algún tiempo hablarán mucho de lo que presenciaron, intercambiarán experiencias con los demás, se sentirán talvez un poco agresivos y agitados. Con el tiempo, esas experiencias van siendo cambiadas por cosas nuevas y no habrá mayores consecuencias.
Si, al contrario, hubo la muerte de uno de los familiares, destrucción de la casa con las consecuentes pérdidas materiales, o cosas peores, la situación será otra. La reacción de los niños dependerá mucho de cómo los adultos lo ayuden.
Pero, ¿cómo entender a los niños si uno mismo está emocionalmente afectado por la tragedia?
La situación es bastante delicada, pero hay que pensar primero en ellos. Aprenda a identificar las señales que le dirán a usted que las cosas no andan bien:
Niños en edad preescolar:
- No quiere comer;
- Teme a la oscuridad;
- No puede dormir y llora;
- Se chupa el dedo;
- Presenta irritabilidad y confusión;
- Pierde el control de la orina;
- No quiere quedarse sólo o presenta inmovilidad.
Cualquiera de los anteriores, es síntoma de que hay trauma emocional. Consulte un psicólogo y en su casa o la escuela permita que él juegue con carros bomba, de bomberos, ambulancias, etc., para que pueda recriar sus experiencias y lo que observó durante el desastre y así ventilar cómo se sentía. Permitirle contacto físico con los padres y familiares siempre que lo requiera. No reprender el niño con agresividad y reintegrarlo gradualmente a las actividades normales.
Niños en edad elemental y pre-adolecentes
- Tienen dolor de cabeza u otro síntoma físico;
- Depresión;
- Miedo con respecto al tiempo y seguridad;
- Confusión y dificultad para concentrarse;
- Desempeño Pobre;
- Peleas;
- Aislamiento;
- Agresividad y
- Falta de apetito.
Observe atentamente la conducta del niño y si le parece que necesita ayuda psicológica, no pierda tiempo:
¡Búscala! De lo contrario, hable mucho con él, transmítale seguridad y cariño y permita que juegue con juguetes relativos al evento. De ningún modo le hable de ira divina, castigo celestial o cosas por el estilo. Permítale entender la naturaleza.
En la escuela, se recomienda que se le permita expresarse cómo se sentía durante el evento, que haga cuentos cortos sobre la pasada experiencia. Y si le es posible, permítale que ayude en la reconstrucción del vecindario y que ayude a los necesitados, siempre y cuando no esté en riesgo su seguridad física o moral. La experiencia de poder ayudar, aunque mínima, le dará el valor que quizás no haya encontrado en sí mismo en la hora de la tragedia. Y si él es ya un adolescente, permítale tener responsabilidades en la reconstrucción de su hogar y de su vida, para que se sienta valorado y se reponga más rápidamente de lo sucedido. |