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  Personajes Veracruzanos
 

NOMBRE

FECHA

Sebastián Lerdo de Tejada 1843-1889


Sebastián Lerdo de Tejada nació el día 25 de abril del año de 1843, en la bella ciudad de Xalapa, capital del estado de Veracruz. Su padre, el comerciante español Juan Antonio Lerdo de Tejada, originario de Muro de Cameros, provincia de Valladolid, España, llegó a México a finales del siglo antepasado, junto con su hermano Ignacio, sacerdote jesuita de gran prestigio académico, orador y literato; su madre, la señora Concepción del Corral y Bustillos, fue la hija de don Miguel del Corral, quien provenía también de España, de una vieja descendencia arraigada en las montañas de Santander. El matrimonio formado por Juan Antonio y Concepción procreó ocho hijos. Casi todos nacieron en el puerto de Veracruz. Como muchos comerciantes de la época, temerosos de las epidemias del cólera y el intenso calor, se trasladaron a la ciudad de Xalapa, en la cual nació Sebastián.

La proximidad con la familia Santa Anna forjó entre ambas estrecha amistad. Esta circunstancia favoreció mucho a los Lerdo en sus aspiraciones políticas, pues don Antonio López de Santa Anna sería presidente de México en reiteradas ocasiones.

La situación del pequeño Sebastián, inmerso en una familia de origen español, acomodada económicamente, con una herencia intelectual por ambas ramas de parentesco y en una ciudad de múltiples actividades culturales, políticas y sociales, como lo era y es la ciudad de Xalapa, permitía sospechar el éxito Personal que tendría este niño en un futuro no lejano.

Desde niño, Sebastián mostró cualidades intelectuales sobresalientes en la escuela, en donde obtuvo altas calificaciones. Por su facilidad de expresión, a menudo le solicitaban participar en actos públicos y festividades; habilidad que más tarde proyectará como servidor público de la nación.

Sus primeros estudios los realiza en Xalapa. Con el sacerdote Francisco Ortiz de Loza estudia gramática. Posteriormente, obtiene una beca en el Seminario Palafoxiano de la ciudad de Puebla, en donde se recibe en las órdenes menores. Sin embargo, renuncia a la carrera eclesiástica para trasladarse a la Ciudad de México(1841) e ingresar al Colegio de San Ildefonso, donde más tarde, obtiene el grado de bachiller y el título de abogado.

Desde el año de 1849, el joven Sebastián es maestro de la asignatura de Artes en el Colegio de San Ildefonso.
En el periodo que va de 1852 a 1863 es Rector del Colegio. De ahí, es nombrado Fiscal de la Suprema Corte, en 1855, por el general Antonio López de Santa Anna.
En su formación profesional dedicó largas horas al estudio, y al paso del tiempo se convirtió en un vigoroso intelectual en el estudio jurídico, lo cual le permitió sobresalir como abogado, siendo un perspicaz observador de la realidad social y un excelente retórico en la defensa de sus clientes. Estos atributos personales le permitieron ingresar al Partido Liberal, en el que Miguel, su hermano mayor, ocupaba un lugar destacado. Por esas fechas, Miguel era presidente del Ayuntamiento de México.

La brillante participación de Sebastián en la política hizo que formara parte del gabinete presidencial de Ignacio Comonfort; desde allí, se opone a las pretensiones del ministro norteamericano, John Forsyth, en el sentido de que México cediera territorio nacional y contratos de tránsito en favor de Estados Unidos. Su convicción nacionalista encuentra en estos hechos la oportunidad de manifestarse, así como también su carácter y su fuerza de voluntad política.

Las Leyes de Reforma, obra de su hermano Miguel y en la que Sebastián participa, lo hacen destacar en el Partido Liberal e influir en la conformación política de los mexicanos. Éstas leyes prohibieron a la iglesia la posesión de bienes raíces, suprimieron los fueros de los militares y de los sacerdotes, establecieron la educación laica, la libertad de prensa y de reunión, y autorizaron a los sacerdotes y monjas a renunciar a sus votos.

La indecisión política del presidente de la República Ignacio Comonfort, ante las presiones de conservadores y liberales, fue un factor determinante para que Sebastián, con evidente agudeza política, renunciara a su puesto en el gobierno de la República. Sus recomendaciones al Partido Liberal de apoyar con decisión la Constitución de 1857 no encontraron eco en Comonfort, el cual finalmente cede el poder al conservador Zuloaga.

Entonces se inicia la llamada Guerra de Tres Años, etapa en la que destaca la figura recia, austera y decidida de Benito Juárez, quien finalmente asumirá el poder. Durante la Guerra de Tres Años, Lerdo permanece alejado de la política y regresa a la Rectoría del Colegio de San Ildefonso. Más tarde es nombrado diputado al Congreso de la Unión. En una reunión parlamentaria, toma la palabra, y con expresión llana, franca, serena y sobretodo, con conocimientos teóricos, calma las pasiones desencadenadas en la Asamblea en la cual se debate acerca de los crímenes de que fueron víctimas Melchor Ocampo, Santos Degollado y Leandro Valle. Después de esta intervención, es nombrado presidente de la Cámara, la cual lo reelegirá en tres ocasiones.

Desde su puesto, observa con tristeza, al igual que muchos mexicanos, la invasión a nuestro país ordenada por Napoleón III Rey de Francia. Da inicio la intervención francesa, apoyada por los conservadores que aspiraban a que un soberano europeo nos gobernara. Sebastián, como líder y como hombre inflexible y tenaz en sus convicciones se mantiene firme en la defensa del país.

A la caída de la ciudad de Puebla en manos de los invasores franceses, Sebastián Lerdo de Tejada es nombrado Ministro de justicia en el gobierno de Benito Juárez. En esta peregrinación política, para no caer en las manos de los invasores y mantener el gobierno nacional, Lerdo se transforma en el hombre de confianza de Juárez. Dos hombres tan distintos se unen en propósitos e ideales. Uno es humilde e indígena; el otro, criollo aristócrata. Pero ambos son la esperanza de México ante la atrocidad del gobierno francés y la colaboración de un grupo de mexicanos que apoyan al archiduque austriaco Maximiliano de Habsburgo, para reinar en México por encima de las leyes de este país, de sus ideales y de su forma de vida. Ambos se comprometen y se complementan.

Sus caracteres de hierro en la defensa de la patria y los sacrificados esfuerzos que desplegaron al lado del pueblo de México culminaron en el triunfo republicano sobre los conservadores. El fusilamiento de Maximiliano y de los traidores a la patria fue una decisión de Juárez que apoyó Lerdo con la ley en la mano. Al triunfo de la República, redacta la convocatoria para nuevas elecciones. El voto de los mexicanos favoreció a Benito Juárez para que ocupara la presidencia y a Sebastián Lerdo de Tejada para desempeñarse como vicepresidente. Meses después, Benito Juárez, la gloria nacional de ayer y hoy, muere víctima de angina de pecho. Sebastián lo sustituye como presidente interino, cumpliéndose así su anhelo de gobernar a su país. En el año de 1872, Lerdo gana las elecciones y se convierte así en Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, enalteciendo con ello al estado de Veracruz y, particularmente, a Xalapa, su lugar de nacimiento.

A los cincuenta y tres años, con inteligencia, con elevados conocimientos y experiencia política, pero sobre todo con su gran calidad humana, Sebastián encarna al hombre ideal para gobernar a un país sediento de paz y de progreso.

Durante su mandato, se elaboran los primeros programas de gobierno. La pacificación del país se inicia. Se construye el ferrocarril "El Mexicano" que une la ciudad de México con Veracruz. Las Leyes de Reforma se integran a la Constitución. Se inicia la explotación de los recursos del mar para lo cual se adquieren pequeños barcos.

Terminado su periodo presidencial, don Sebastián Lerdo de Tejada se deja guiar por el deseo de reelegirse. Este hecho origina que Porfirio Díaz, militar destacado y hombre de ambición política, proclame el Plan de Tuxtepec, en el cual desconoce al presidente Lerdo de Tejada.

Las tropas del gobierno son derrotadas en Tecoac el 16 de noviembre de 1876, hecho que le permite a Díaz entrar triunfante a la Ciudad de México. Lerdo, por su parte, se dirige a Acapulco para más tarde, en 1877, dirigirse a los Estados Unidos e instalarse en Nueva York con Mariano Escobedo y Pascual Romero Rubio.

El exilio acentuó en él la nostalgia por su tierra natal y por su país, su melancolía se hizo mayor pero sin perturbar su espíritu indomable, su orgullo férreo y su decisión de ofrendar su vida por su país. Sebastián Lerdo de Tejada supo cumplir con su patria hasta que la muerte lo liberó de su amargo destierro el 21 de abril de 1889. A su muerte, su cuerpo es trasladado a la Ciudad de México, donde se le rindieron los honores que a los héroes se les brindan, y sus restos fueron colocados en la Rotonda de los Hombres Ilustres.

Sebastián Lerdo de Tejada, xalapeño, veracruzano y mexicano a la vez, es un ejemplo de esfuerzo, de talento, de valentía y de honradez.



Colaboración de Marcos Luis Suárez Hernández